Hasta su muerte no sufrió ninguna de las enfermedades asociadas con la edad avanzada. Los científicos holandeses han estudiado su ADN esperando descubrir su secreto.
Hendrikje van Andel-Schipper siempre decía que debía su buena salud a su costumbre de beber una copita de licor de huevo con crema batida cada domingo, no fumar y comer arenque. Más ideas no aportaba excepto la de que una persona ‘simplemente debe continuar respirando’.
Saludable ancianidad
Esta mujer holandesa puso su cuerpo a disposición de la ciencia. Cuando contaba con 111 años, se preguntó preocupada si los científicos todavía seguirían teniendo interés en su avejentado cuerpo. Sus temores eran infundados. Cuantos más años cumplía, más crecía el interés de los científicos, sobre todo por el hecho de que Van Andel no parecía sufrir de ninguna dolencia.
A pesar de su avanzada edad, no había sido afectada por la demencia, afección cardíaca o arterioesclerosis. Sólo su vista se resintió. La persona más anciana del mundo murió finalmente a consecuencia de un tumor estomacal, según se desprendió de la autopsia. Ni ella ni sus médicos se habían dado cuenta de la existencia del tumor del tamaño de un puño. Sigue…
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